Tu padre debe ser pastelero

Llevaba una racha positiva de ligues, sólo quedaba con chicos guapos. Porque podía permitírmelo. Porque de los 50 al día que me hablaban en cualquier app de estas de ligoteo, elegía al "mejor". Y ya puestos, además de guapo, empecé a poner otros filtros. Filtros muy superficiales. Que tuviera un buen trabajo, estudios, dinero, buen barrio... todas esas cosas que a mi me gustaría tener y no tengo. Cosas materiales. Esto me lo enseñó una compañera de piso que tuve hace años, que decía que si se tenía que enamorar de alguien, sería por sus cualidades como persona, pero si además de esas cualidades geniales tenía dinero, lo haría todo mas perfecto. Teoría interesante... porque hace de lo material un plus a lo "espiritual". Pero con el tiempo, he visto que esa teoría no es aplicable a mi persona. El dinero, la clase y esas chorradas, a veces no sólo son un plus, a veces influyen tanto sobre la persona que lo tiene... que los contamina.

Éste era un chico excesivamente contaminado por el capitalismo. Era un maleducado, de esas personas que dan verguenza ajena. Y eso lo vi desde el minuto uno. Aún no entiendo en que estaría pensando para seguir adelante con esta historia. Bueno sí, es muy guapo, muy perfecto. Rubio, ojos azules, alto, cuerpazo, estilazo, bronceadito. Todo eso en las fotos. En persona era aún más, más de todo. Habíamos quedado en el Timbalet, mi bar de las citas "de tarde". De las citas de tantear el terreno porque probablemente ese día no va a pasar, pero que por si acaso queda a 4 calles de casa por si la cosa se alarga. Pero ese día dejé todo el piso desordenado, para obligarme a no subirlo. Llegaba tarde y salí corriendo. Y cuando me senté en la terraza del bar, me di cuenta de que me había olvidado el móvil.


Esperé media hora, cuarenta minutos, cincuenta... y mi cabreo iba in crescendo. Nunca me habían dado plantón, esto era algo intolerable. Pero quise darle el beneficio de la duda, contando que si no era un ogro, quizás me había  mandado un mensaje y yo no podía verlo en el móvil. Cuando me levanté a pagar, lo vi venir. Pero no venía con cara de disculpas, estaba mas cabreado que yo. No me dio ni dos besos, enseguida soltó:

-Llevo una hora llamándote, me  mandaste mal la ubicación, estoy muerto de frío y bla bla bla...

Ni corta ni perezosa, le dije que era bastante cortito, si le había dado mal la ubicación, pero bien el nombre del bar, lo podría haber googleado e ido a la ubicación correcta, ¡que tampoco era tan complicado!

Por suerte pasamos del enfado a las risas bastante pronto. Y pedimos los clásicos timbalets para cenar, tres él y tres yo. Pero comí uno y medio yo, los demás él.

-¿Te importa si te cojo el de foie?

 Joder, ni que pasara hambre... Se lo zampó de un bocado delante de mis narices. Lo que decía antes, un maleducado. La conversación era muy superficial. Había estado en mi país hacía dos meses con su madre y amigas pijas de su madre. Me explicó el viaje como si yo nunca hubiera estado allí. Hasta que le tuve que recordar que me estaba hablando de mi barrio. Entonces me hizo la primera de sus preguntas letales.

-Vivías en un country, ¿no?

Country se le dice allí a las urbanizaciones privadas, con mucha seguridad privada, cámaras, club house, niños en bici por sus calles internas y esas cosas. Pues no, nunca he vivido en un country, que considero terribles por el aislamiento, el clasismo y el snobismo que eso supone. Se horrorizó con que pudiera vivir en una calle normal, ahí a la intemperie y a merced de los asesinos, violadores y atracadores. Uffff... que tío mas denso.

Su padre tenía una pastelería muy top en la calle mas top de Barcelona, con una terraza muy top, llena de clientes tops.Él había estudiado marketing y un máster en no sé qué, pero acababa de dejar su trabajo de plebeyo para dedicarse a la pastelería de alto standing. De momento era aprendiz, pero como era el hijo del jefe hacía lo que le daba la gana. No había tenido ni una novia en sus 35 años, decía que él no se enamoraría nunca, porque eso hace a las personas ser débiles.

Casi me atraganto con el pan por comer deprisa y acabar la cita cuanto antes. Creo que pensó que por no vivir en un country era pobre, así que pagó él y salimos fuera. Se autoinvitó a mi casa. Oh yeah, menos mal que no la había ordenado y mi tentación era nula. Le dije que no, que no invitaba desconocidos a mi casa. Me besó y me dijo que ya no éramos desconocidos. Me mantuve erre que erre en que no podía venirse conmigo. Y me largué riendo sola.

Estuvo un mes mandándome mensajes los viernes y sábados a las 3, 4, 5 y 6 de la mañana. Claramente significaba una cosa. Pero yo pasaba. Porque era una época en la que iba bien servida, gracias. Hasta que... una fatídica semana de mierda-citas entre un fotógrafo friki y el psicólogo sabelotodo, me crearon la necesidad de quedar con el primero que me llamara guapa. Domingo, 11 de la mañana: <<Guapa, ¿comemos juntos?>>. ¡Bingo! Premio para el pastelero. Ahora quería jugar en su terreno y me invitaba a un restaurante en su calle top. Estaba lleno cuando llegamos, así que acabamos en un cutre wok. En esta comida se lució. Os voy a citar lo mas textualmente posible sus frases, pero creo que sobran los comentarios:

- Me encanta hablar contigo porque eres tan afortunada como yo..... Sí, eres afortunada porque también eres guapa y, para ser inmigrante, tienes suerte de tener trabajo y casa.

- Yo también tengo una amiga dominicana, pero mi amiga es blanca y trabaja en la embajada.

Bueno, en realidad no debería ahorrarme los comentarios... En el fondo -y en la superficie-, es un tío que da pena. No creí necesario contestar a sus absurdeces. Su vida era vacía. Sus amigos, dudo que lo fueran. Había quedado por la noche con unos gays que conocía su amiga dominicana blanca, porque quería reírse de ellos... pero, ¿cuál era la parte divertida? ¿De verdad le hacía reír todo este tipo de superficialidades despectivas? Por las noches debe irse a dormir solo y seguramente llore por esa soledad. Yo no creo que existan las malas personas a  conciencia, este chico se había inventado un personaje molón y lo seguía a rajatabla. Se había apuntado a clases de teatro, pero dejó de ir porque no aguantaba a sus compañeros. ¿Lo aguantarían ellos a él? 

Alguien tenía que enseñar modales a este tío. Definitivamente, daba asco. Me invitó a tomar el café a su casa, ¡vaya casa! Por un momento, al entrar, pensé que podría acostumbrarme a ser la señora del pastelero y follarme al fontanero en la isla de la cocina mientras él hacía bizcochos. Un momento después descarté la idea, obviamente. Sofás inmensos, una pantalla gigante que bajaba desde el techo altísimo. Y cortinas altísimas que corrió para que no entrara la luz de su terraza fantástica. Puso una peli de Zack Efron, sólo para decirme que se parecía a él (sí, se parecen, que rabia de tío).

Para seguir con sus perlitas, así en frío, me dijo:

-¿Te gusta hacer el perrito?

-'Guau guau!- me puse a ladrar mientras me ponía la chaqueta y lo dejaba con las ganas. Insufrible.

No se si se lo habrá tomado como una lección, pero a esta argentina no le gusta que la llamen inmigrante...

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2 comentarios:

  1. En verdad las cosas que cuentas me resultan ciertamente familiares, aunque salta a la vista que tú te lo montas bastante mejor que yo. Comparando yo sería una especie de marca blanca de ligoteo sin tantos miramientos ni alternativas... tú una sección gourmet que no admite hoja de reclamaciones :)
    ¡Y que así siga la cosa!

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    1. jajajaj se hace lo que se puede... aunque ya ves... tanto ponerse selectiva... para acabar quedando con auténticos fiascos!
      Encantada de tenerte por aqui Rific! ;-)

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