Enrollarse con un compi de piso, ¿sí o no?

Llevaba una temporada de varios viajes y compras compulsivas, cuando vi claro que si seguía con ese ritmo de vida, tendría que irme con mi precioso sofá rojo debajo de un puente, porque ya estaba al borde de la ruina. Fue entonces cuando mi amigo Batman me comentó que tenía un amigo italiano que vendría a vivir a Barcelona y buscaba piso para el mes de abril, por si quería alquilarle una de las habitaciones. Se me pusieron las pupilas con el símbolo de dólar y le dije que sí sin pensármelo.

Lo cierto es que aún no había acabado de equipar el piso. Una cosa era vivir yo sola en condiciones precarias y otra cobrar por ello. La habitación que me sobraba la había convertido en un enorme vestidor/trastero y aunque tenía un colchoncito de Ikea para emergencias, aún no tenía ni cama, por lo que decidí dejarle mi propia habitación y trasladarme yo a caoslandia por un mes. La primera impresión que se llevó Marco de mí era la de "habitante de pocilga". Y no era una impresión muy lejana a la realidad. 

Marco es guapete y tiene un rollito muy guay. La cosa iba bien, él trabajaba de noche y yo de día, así que generalmente coincidíamos cuando yo volvía de fiesta o de alguna cita Tinder con una caraja considerable, y él llevaba la misma caraja encima. Al final, éramos dos compis alcohólicos y nos llevábamos bien. Yo le contaba de mis fiascos amorosos y él me aconsejaba, para luego hablarme de una chica de la que se había enamorado y yo le aconsejaba que pasara de ella, guiño-guiño. Y seguíamos bebiendo en casa juntos. 



Mis amigos empezaron con las apuestas. Todos apostaban a que acabaríamos enrollados, pero discrepaban sobre la fecha en la que eso ocurriría. Yo también aposté. Marco me gustaba y quería que pasara algo, pero la idea de convivir con un rollete se me hacía un poco pesada, así que mi apuesta era sobre fin de mes, cuando estuviera a punto de mudarse. 

El tema es que Marco es tan majo, que no sabía interpretar si estaba ligando conmigo, con mi amiga Sara o con la chica de la farmacia, o si simplemente era así con todo el mundo. Empecé a forzar situaciones a ver si picaba. Y empecé a ponerme nerviosa. 

Un día llegó a casa con la historia de que le había mordido un perro en el muslo-casi-culo. Y venga a pasearse por toda la casa enseñando nalgas. Calores pa' mi. De los calores, me dio por ducharme a horas insólitas, a las 3 de la tarde, a las 2 de la mañana, siempre cuando él estaba en casa. Y paseos en toalla pa'arriba y pa'abajo. Pero nada...



Otro día vino a pedirme un favor: —Es un tema íntimo, me da un poco de verguenza—, me dijo. Ven aquí, cariño, que Sofi te ayuda con tus intimidades. Me enseñó un bote de cera caliente y me pidió si podía ayudarlo a depilarse la espalda. Casi lloro. De tristeza y autocompasión al verme a las puertas de la friendzone



A pesar del alcoholismo, Marco es bastante sano, deportista y se cuida con las comidas. Cocinaba para los dos cuando coincidíamos para cenar. La primera vez que hizo guisantes me los comí sin rechistar. Pero luego tuve que confesarle que no puedo con ellos, no fuera a convertirse en una costumbre insoportable. Luego me dijo que tenía nostalgia por la crostata, una tarta con mermelada que hacía su abuela, y la cocinó un día. Estaba un poco quemada, así que la volvió a hacer. La segunda tarta estaba un poco dura, por lo que probó una tercera vez. Cuando ya íbamos a por la cuarta tarta (no se tiró ninguna, nos las comimos mano a mano), le tuve que recordar mi tendencia a ponerme como una foca si como tarta a todas horas. Pobre, le fastidié la cata de tartas. 

El día de Sant Jordi llegué a casa y me encontré una enorme rosa roja en un florero del comedor. Me dijo que era para mí. Se me cayeron las bragas al suelo. —Bajé al Bonpreu a por pan y me la regalaron en la caja—, me volví a subir las bragas. Grrrrr. 


El mes iba a llegando a su fin y yo al borde de la desesperación. Mi cumpleaños es el 28, pensé que era una buena fecha para que me diera un "regalito". Efectivamente, me dijo que tenía fiesta ese día y, como yo tenía ensayo hasta tarde y lo celebraría al día siguiente, que me prepararía una cena especial. Oh yeah, ya estaba frotándome las manos... ¡por fin!. 

En la mañana de mi cumple, me encontré un regalito sobre la mesa del comedor, un cojín con forma de helado, un globo con forma de corazón y un post it con un "feliz cumple Sofi", con un corazón en el punto de la i. Oh yeah, corazones y helado solo podían significar una cosa.  

Al llegar a casa después del trabajo, me vió entrar con una planta de orquídeas que me había enviado Manuel al trabajo. En casa también había un jazmín enorme con una tarjeta, me la mandaba Santi desde Huesca. Marco flipaba con mis admiradores y no me pareció necesario decirle que no eran su competencia, sino mis mejores amigos. No me dejó entrar a la cocina porque estaba preparando la cena especial: gnocchi di patate caseros. Nada más sexy que un italiano amasando todo enharinado... pffff. Lo dejé con sus patatas y me fui a gospel canturreando todo el camino. Esa era mi noche.


Llegué a casa con 2 botellas de vino. Por si una no era suficiente. Los gnocchi estaban de muerte. Y sacó el postre: una versión perfeccionada de su famosa crostata con un "FC Sofi" hecho con masa, que interpreté como un feliz cumpleaños simplificado. Después de la cena tan currada, pasamos al sofá. Yo estaba tontorrona y mis pestañas batiéndose a lo loco le mandaban todas las señales para decirle que ya podía pasar al ataque. 

—Vamos a hacer un juego— dice Marco. Yo ya estaba desabrochándome los botones de la camisa imaginando el juego. —¿Jugamos al Tinder?
—¿Y a eso como se juega?— pregunté por inercia, suponiendo que se refería a una especie de juego de rol, en el que seríamos dos desconocidos que se conocen en Tinder y acaban retozando en el sofá como planeaba hacer en unos minutos. 
—Dame tu móvil. Yo te elijo los chicos y tú me elijes alguna chica a mí. 

WTF. ¡¡¿Por qué a mí??!!


Esa noche me fui a dormir con una frustración importante, sola y a la habitación-caos. 

Quedaban dos días para su mudanza. Al día siguiente salí de fiesta con mis amigos y vino Batman. Le conté mi fracaso con su amigo. No sé si le dio una punzada de celos y yo de repente recordé lo mucho que me gusta él también, que acabamos mandándole un mensaje a Marco para decirle que esa noche tenía dos opciones: o unirse a nosotros o dormir en el sofá porque íbamos a usurpar y recuperar mi antigua cama de 1,50. Durmió fuera de casa esa noche. Y Batman y yo retomamos una temporada la pseudo relación hasta que me presentó a su madre. 


Y tú... ¿has tenido alguna historia con compis de piso? ¿Has intentado sin descanso liarte con alguien y te ha salido mejor que a mí? ¡Cuéntamelo!

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9 comentarios:

  1. Los que nos gustan las sutilezas, y lo que les cuesta a ellos pillarlas. Algún día seremos claras y se asustarán por ello, aunque igual por el camino nos encontremos con alguna sorpresa agradable... Una pena lo de Marco, pero oye, al menos Batman acudió al rescate (lo poderosos que son los celillos...).

    Besotes.

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    1. No encuentro el punto medio... moviendo las pestañas no se enteran y si lo dices alto y claro se acojonan... En fin, siempre me quedará Batman ;-)

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  2. Intentar ligar con el cronómetro en marcha no es lo mejor para hacer bien las cosas. A menos que seas un parado como yo, que entonces ayuda à echarse al río. Y a la pregunta general, tú haces trampa: sabías que Marco se iba, así que si las cosas no salían bien o dejaban mal sabor de boca,,no te exponías à cara de vinagre o miradas asesinas durante meses y meses de compartir piso. Yo nunca lo he hecho (nunca he compartido hasta que no encontré la pareja actual) y no creo que sea buena idea. ¿Enamorarse del/la compañero/à de piso? Eso es otra historia, ahí la complicidad no sólo sexual debería de ayudar à tirar adelante en la convivencia

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    1. Está claro que no fue una buena idea en mi caso jejeje. Enamorarse... uf, eso es para otro capítulo!!

      Besitos Radar!

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    2. No es que fuera una buena o mala idea. Lo que pasa es que no lo lograste y nos quedamos sin saber en qué cesto habría caído, jeje

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  3. Vaya historias para no dormir... Ya siento que lo de Marco no cuajara y que, además, perdieras la apuesta. Pero bueno, saber que puedes contar con Batman vale por dos, jajaja.
    Besicos.

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    1. Pobre Batman... suena a plan B jajaja. Ya no he vuelto a apostar cosas de estas... que parece que no gano nunca!!
      Besitos!!

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  4. Díficil decisión lo de liarte con un compañero de piso, de todas formas a ti se te iba pronto iba a ser un royo pasajero jajaj. Mi experiencia es lo contrario, pronto compartiré piso con una chica con la que me lié y no se si repetiremos. Un saludo y enhorabuena por tu blog.

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    1. Bienvenido al mundo bloguero y ánimo con el tuyo!! Y te compadezco en tu próxima experiencia... no quisiera estar en tu lugar!
      Besosss

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