Homenaje a las amigas del baño

Ese día me sentía la persona más desgraciada del mundo. No porque realmente lo fuera, pero había bebido una cantidad ingente de alcohol en una fiesta electrónica y había lanzado mi iphone nuevo por el wc del baño químico. A eso súmale que le monté un pollo al chico que me gusta, de estos que sueltas tras varios días de acumular cosas que te callas hasta que revientas. La rabia, ira, vergüenza y demás sentimientos horribles afloraron en forma de ríos de lágrimas de borracha. Lo primero que se me ocurrió fue huir y esconderme detrás de un Poly Klyn maloliente y tragador de iphones a lloriquear en soledad. 

Y allí, tras la puerta del Poly Klyn estaba ella. Mi amiga del baño. Me vio llorar y me preguntó si estaba bien. Yo lloraba y moqueaba desconsoladamente mientras intentaba explicarle en argentino-borracho que acababa de decirle al chico en cuestión que se fuera a la mierda. Y mi amiga del baño me abrazó. Me abrazó un buen rato hasta que se me pasó la tontería. Me animó a volver a bailar. Me arregló el maquillaje y me cogió de la mano para salir de allí. 


Es que las amigas del baño son algo único. Tú pides un cigarro en la terraza y es posible que a la mitad de los presentes casualmente se les haya acabado. Pero entras al baño y pides una compresa y, de repente, todas las amigas del baño te preguntan si la quieres con alas, super plus, tampax pearl,  salvaslip (o una rayita, que las hay muy generosas). 

Hay una solidaridad entre las amigas del baño que no creo que los hombres puedan comprender jamás. Son las que no se aguantan de pie, pero te aguantan la puerta cuando no cierra, no vaya a ser que alguien te vea mear. Cuando no hay papel higiénico parten su único Kleenex a la mitad para dártelo a ti, hasta ahora desconocida y ahora nueva amiga de la fiesta. Te aguantan la cabeza si tienes que echar el cubata de más. Te arreglan el pelo cuando pareces un despojo social. Y probablemente sigas pareciéndolo, pero te dirán que ahora ya estás matadora otra vez. 



Las amigas del baño valoran el esfuerzo que has hecho en meterte en ese vestido que no te deja respirar y te preguntan donde te lo has comprado. Menos mal, porque tu chico ni se ha enterado que estrenas modelito. Y te dicen que te quedaría mejor con pintalabios rojo. No te conocen de nada, pero ya te dejan su pintalabios porque ven que lo necesitas. Y aún mejor, las hay que llevan la misma falda que tú, te dicen lo chula que es y encima quieren sacarse una foto de espejo contigo. Eso es amistad de la buena, sin dudas. 


Son tus confidentes y consejeras más acertadas en ese momento. Despotricas de aquel que se ha liado con otra en tu cara, criticas a la guarra que está con tu ex, hablas de tu desgracia laboral y siempre te dirán lo que debes hacer: —Anda, "felices los cuatro", vamos a bailarla—, y tus penas las dejas en el wc. 



Mi amiga del baño del otro día se llama Amanda y desde aquí quiero darle las gracias por ese abrazo en el momento preciso. Y por si os quedasteis con intriga, el chico al que le monté la escenita fue un héroe y rescató mi móvil de las profundidades. Y soltarle el rollo aquella noche no fue una gran idea, pero nos ha servido de mucho y ahora ya no me siento nada desgraciada, sino más bien bastante feliz.  


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4 comentarios:

  1. Los mejor de los amigos de baño es cuando te saluda gente que no te suena de nada por la calle como si fuera tu hermano. Todos los colegas se quedan a cuadros y te preguntan sorprendido por su identidad, a ti sólo te sale eso de no me acuerdo.

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    1. Aún no me he vuelto a cruzar con ninguna amiga del baño, pero espero recordar sus caras, que yo les cojo cariño...

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  2. ¡Ay! la camaredía de baño... Que no se pierdan las buenas costumbres en este mundo tan loco y tan individualista...
    Besicos

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    1. Si todos fuéramos amigos de baño... el mundo sería mejor y mucho más divertido!!

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