Lo que aprendí en una clase de Tantra

Te dicen tantra y piensas en seres superiores que pueden follar durante 8 horas seguidas sin cansarse, sin correrse, o corriéndose muchas veces, o incluso corriéndose para adentro. Parejas folladoras que prácticamente podrían levitar con su energía sexual. Piensas en ese que va de gurú del sexo y te dice "ven cariño, que te voy a dar tantra". Y claro, tú también quieres.




Vi el evento en Facebook y como me apunto a todo por si acaso, me apunté. Todo lo que sea un experimento social me atrae mucho.  Luego me olvidé, pero Teo  me lo recordó y pensé que quizás podría ser algo guay para hacer juntos. Había que llevar ropa cómoda y agua y no hacía falta reserva. Quedamos en vernos allí, yo intentería llegar pronto para ver el ambiente y el tipo de gente que iba, por si había que salir corriendo antes de empezar.

Una de las cosas que más nerviosa me ponía era que en la descripción del evento ponía textualmente que no habría "desnudos obligados". Mira que yo intento ser de mente abierta, pero aunque hubiese desnudos "voluntarios", quizás me violentaba un poco. Pero bueno, hay que probar de todo en esta vida, nos liamos la manta a la cabeza y allá que vamos.


Cuando llegué a la dirección indicada había dos chicas muy guapas con el móvil en la mano, mirando el GPS igual de perdidas que yo. El sitio era una nave industrial en obras, no daba la impresión de que se celebrara allí ningún encuentro tántrico. Finalmente descubrimos que la nave tenía entrada por el otro lado de la misma manzana y tras subir en montacargas y seguir carteles con flechas hechos a mano, llegamos a la misteriosa "puerta del tantra". Le mandé un mensaje a Teo para avisarle que hasta ahora había visto bastante gente normal (otro día definiremos eso de normal).

Una vez pagada la clase, podías dejar tus pertenencias y calzado, cambiarte de ropa, coger una esterilla y sentarte en una sala enorme por donde cogieras sitio. Contamos que habría unos 150 curiosillos como nosotros. Había una música estilo "meditemos y hagamos ommm" a un volumen bastante alto y mucho, pero mucho, olor a incienso. Teo y yo nos pusimos hacia el fondo.

Cuando por fin estábamos todos acomodados, entró la gurú. Se presentó y nos instó a sacudirnos y saltar como posesos. Ajá. Luego comenzó su charla. Debo decir, que de tantra no dijo ni mú. A pesar de que el 80% de los asistentes levantó la mano cuando preguntó quien era novato en el tema, dio por supuesto que todos sabíamos a lo que íbamos y que el tantra es un concepto conocido por todo el mundo. Si estáis esperando a que os lo explique yo ahora, no sabría definirlo tampoco, pero os explicaré lo que vivimos para que os hagáis la misma confusa idea que yo.


La mujer preguntó a los hombres si alguno se sentía libre. Por triste que pueda parecer, solo tres hombres levantaron la mano. Hizo pasar a uno de ellos al frente y le hizo explicar en qué consistía su libertad. Básicamente en no sentir limitaciones, en vivir con plenitud, ser feliz sin necesidades demandantes y alguna otra cosa que le pegaba bastante con el aspecto de hippie que llevaba. Entonces, la gurú dijo que el ser masculino, alcanza su maxima expresión cuando "está aquí y es libre", que el hombre es básico, solo quiere libertad. Pero que en cambio, la mujer o el ser femenino era más complejo y necesitaba alcanzar la plenitud a través del amor incondicional.


Me reí. Y miré a mi alrededor. Curiosamente, nadie reía. El hombre necesita ser libre y la mujer necesita amor. QUE COJONES. Pensé que me había equivocado de siglo o que posiblemente hablara de la masculinidad y feminidad que todos llevamos dentro, porque a mi lo de ser libre me mola cacho y vivir con amor me parece fundamental, pero diría que a muchos hombres también. En fin, el ejemplo de mujer que salió a explicar que ella vivía en amor, dijo que bañaba a sus hijos con amor, trabajaba con amor, planchaba con amor y yo no daba crédito a lo que oía.


Tras el extraño discurso, que aún pienso con ingenuidad que probablemente malinterpreté, hicimos una meditación guiada. Respirar en una postura cómoda. Yo, que soy yogui, me senté con las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas, pero había de todo. Había que respirar profundamente mientras la señora nos decía que pensáramos en inspirar por la nariz y expirar por los genitales. A ver, además de yoga, también canto, así que sé bastante de qué va eso de echar el aire por los esfínteres (que no es lo mismo que tirarse pedos, ojo).  Pero cuando empezó a guiar la meditación hacia los genitales, me desconcertó. 

Si pienso en pollas, no puedo poner la mente en blanco, que quieres que te diga. Y ahí estaba yo toda loca pensando que había allí al menos 75 pollas respirando. ¡Setenta y cinco! Lo remató guiando a esas pollas hacia las vaginas. Dijo que pensáramos las mujeres en abrir y los hombres en recorrer el camino de vuelta al útero materno. Esto ya era un descontrol en mi cabeza. Sinceramente, si en pleno folleteo, por más tántrico que sea, el tío se pone a pensar en el útero de su madre, ya os digo que se puede ir olvidando de mi cara bonita para siempre. Pero casi me explota cuando dijo que sintiéramos los genitales y quien quisiera los sintiera con las manos. Llegados a este punto, no pude evitar abrir los ojos. Qué imagen, madre del amor hermoso. Hombre y mujeres despatarrados en chándal, manos en penes, cojones, ingles y coños. Por fuera del chándal, ¡eh!, de momento no había valientes que se apuntaran al desnudo voluntario. Las mías pudorosamente seguían sobre las rodillas.


Una vez meditados, nos invitó a ponernos de pie y pasear por la sala haciendo lo que sintiéramos. Quienes me conocen saben que a mi lo de los abrazos con desconocidos me produce horror. Me puse a dar vueltas por la sala esquivando a todo aquel que quería establecer contacto visual conmigo. Y me quedé tiesa como un palo cuando el chico hippie que decía ser hombre libre me puso la mano en el brazo. A lo lejos podía ver a Teo abrazar a una rusa de metro ochenta que no llevaba sujetador. Pensé que sería mejor no acercarme y dejarlo que sintiera a su manera lo que fuera que estuviera sintiendo y, sobre todo, que fuera libre (lo único que me dijo luego fue que la rusa estaba muy buena).


El último ejercicio consistía en encontrar una pareja (ahí confieso que me puse nerviosa, si era el momento sexual, la idea de que no me tocara la pareja con la que había ido no me hacía ni pizca de gracia). Casualmente, estaba el tema bien repartido, todas las parejas quedaban como hombre/mujer, menos dos chicos que quedaron juntos y una chica que se quedó sola y formó un trío. Por parejas teníamos que sentarnos enfrentados y poner en práctica lo que habíamos aprendido. Cada uno debía pedir a su pareja si quería amor incondicional o presencia. El amor se daba en forma física, abrazos o lo que surja, y la presencia a través de la mirada, la transmisión de energía o como mejor se te ocurriera traspasar al otro tu libertad y tu "estoy aquí".

La mujer seguía hablando de sus cosas y nosotros, uno frente al otro, nos mirábamos a los ojos. Cuando me pongo nerviosa me cuesta mantener la mirada. Lo cierto es que con Teo no tengo una relación que se podría definir como super romántica, así que la idea de mirarnos tanto, de querer decir cosas sin hablarnos, de mostrar emociones o sentimientos de manera fisica... me aterraba. Pero estuvimos un buen rato mirándonos y fue de las cosas más bonitas que viví en los últimos meses. No sé si eso fue tantra, pero fue la hostia.


Teo era el primero en pedir. Me pidió amor. Nos abrazamos, nos pegamos, nos abrazamos más fuerte y nos olvidamos que había 148 personas más alrededor dándose amor y presencia, para centrarnos en el nuestro. No era un amor cursi de esos de "te amo, cariño". Era el amor que yo tengo, quiero y puedo darle a él, en la forma que mejor puedo, me sale o quiero darle. Luego me tocó a mi y pensé que ya noto su presencia siempre, esté o no a mi lado físicamente, así que también quise amor. Que también lo tengo y repito, no pedía amor romántico. Volvimos a abrazarnos, esta vez tumbados de lado en el suelo. Nos acariciamos, nos miramos, nos volvimos a abrazar. Así varios minutos hasta que la gurú dijo que ya habíamos tenido bastante y teníamos que terminar el ejercicio de la forma más natural posible. Llamadme primaria, pero lo más natural que se me ocurría en ese momento era acabar follando y todas mis alertas saltaron, pensando que quizás todos tenían la misma idea que yo y allí se iba a liar una orgía de las grandes.


Pero no, la música fue subiendo el volumen, la gente hablaba, unos cuantos bailaban como si estuviésemos de after y yo seguía alucinando. Aquella sala parecía una secta llena de chiflados. Nadie me había avisado que había que ir algo colocada... hubiese estado aún mejor, seguro. Una sala llena de hippies new-age, que reniegan del Tinder y las formas modernas de ligoteo y buscan alternativas espirituales para acabar igual: follando. 



A modo de cierre, quiero decir que el tema del tantra me interesa muchísimo a nivel personal.  Medito, hago yoga e intento rodearme de energía positiva siempre. El tantra es una asignatura pendiente, espero poder dar con maestros mejores o una mayor predisposición por mi parte a dejarme llevar y no soltar risitas de niña boba cuando los demás respiran con sus genitales. 

Namasté!

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8 comentarios:

  1. Jajajaja, para mí que te equivocaste de reunión... Pero mira, si al final os sirvió para "conectar", pues bienvenido sea.
    Tal y como lo estabas contando, yo estaba convencida de que aquello acabaría muy mal...
    Besicos

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    1. Conectadísimos estamos ahora!! Nada más tántrico y cómplice que reir juntos, no crees?
      Besitossss

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  2. Una experiencia muy... curiosa. Si te sirve de consuelo, yo también me hubiese reído, creo que soy demasiado terrenal para esas prácticas, pero lo explicas tan bien que hasta me ha picado la curiosidad. Lo de conectar en público con alguien me ha parecido una pequeña maravilla. Abrazos, aunque los odies!

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    1. Jajaja imaginas el horror que tenía ante la idea de abrazos múltiples de desconocidos, no?
      Pruébalo y me cuentas si aprendes algo más que yo!
      Besissss

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  3. Jajajajaja me he reído mucho con tu descripción del evento. Me ha encantado.

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  4. Sitios locos para una ciudad de chiflados! Pero me encanta que te lanzes a probar estas cosas para que así vuelvas y nos las cuentes aquí.

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    1. Estoy abierta a cualquier experimento social que no atente contra mi salud ni mi moral... asi que si tienes propuestas, yo me apunto, todo sea por tener material de blog!!

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