Voulez vous coucher avec moi: el mito del francés

Casi cada vez que vuelvo a usar una app para ligar, suele ser por motivos de decepción, frustración, desamor y vacío sentimental, por eso mi táctica es buscar alguien lo más opuesto posible al causante de mis males en ese momento. Llevaba una racha de españoles, morenos, barbudos y mayores que yo. Por lo que mi siguiente objetivo sería un yogurín extranjero con características físicas diferentes. Matcheé con Laurent (28) y sus fotos con críos, con un tigre tailandés y en lo alto de Machu Picchu. La víctima ideal. Francés, 3 años menor que yo, guapo a rabiar, ojos azules, castaño claro, pecoso y lampiño.

Me dijo de quedar a comer dumplings en el Mosquito, que es uno de mis sitios preferidos en Barcelona, por lo que ya tenía muchos puntos a su favor. Durante la cita, no mencioné su nombre ni una sola vez, porque se me antojaba imposible su pronunciación. Él me llamaba Sofí, con acento en la i, lo que me pareció divertido, y eso que soy la típica repelente que va corrigiendo a la gente para que digan bien mi nombre (es con acento en la o, sin tilde, por supuesto).



Fue una cita divertida, me contó sobre su viaje de 6 meses por Asia —oh, que puta envidia me da esta gente que viaja tanto—, sobre su ex novia, sus compañeras de piso y su emprendimiento. Ay madre, que le voy a hacer... ya estaba enamorada, con lo de montar su empresa acabó por conquistarme. Me dijo que se había cogido una excedencia en el trabajo para poder dedicarle tiempo a su emprendimiento. No mencionaré cual era, porque era algo muy extraño y fácilmente identificable y, según mi experiencia laboral, sin ningún futuro rentable, pero uno nunca sabe...

Acabamos la primera cita en la puerta de su casa, nos dimos un tímido beso y rechacé su invitación a subir, con la promesa de volver a vernos esa semana. Era esa época de mi vida en la que estaba más interesada en tener varias citas de calidad que una sola cita sexual y si te he visto no me acuerdo. Seguimos hablando en la semana y me invitó a cenar el viernes. Entre tanto, lo puse en contacto con mi compañero de piso (sí, aquel que no me hacía ni puto caso), que estaba buscando mudarse precisamente por su barrio y él tenía una habitación libre. Marco le dio el visto bueno y yo floté en una nube de amor toda esa semana.

El viernes estuve una hora para elegir modelito para la cena, que las francesas son monísimas para vestir y yo quería estar a la altura. Compré un vino y me presenté en su casa hecha un manojo de nervios.


Aquí empieza lo bueno. Familiares, dejad de leer.

Me dijo que no sabía cocinar. Pero que la combinación pizza-vino le flipaba. A mi lo que me flipó es que ni siquiera cogiera el móvil para pedir al Telepizza y sacara del congelador el horror de Casa Tarradellas. Joder, yo que venía acomplejada por traerle un vino de 10€...


Tras poner la pizza en el microondas —sí señores, no se dignó ni a encender el horno—, me enseñó rápidamente el piso y me dijo que había pensado en ver una peli. Tenía una conversación tan enriquecedora la primera cita, que pensé que a nivel cultural, con la peli remontaría el desastre Tarradellas. Bajó la pantalla del proyector y la puso. Hail, Caesar!, de los hermanos Coen, en versión original. Sin subtítulos.

Vale, aclaremos cosas. Normalmente no veo películas porque tengo problemitas con el sueño. Tampoco sé nada de cine. Me la pela quedar como una inculta porque, a nivel cinamatográfico, lo soy y es lo que hay. Sinceramente no sé si la peli es un peliculón, pero desde mi humilde opinión es un puto coñazo. Y mira que tengo buen nivel de inglés, pero no había manera de entender una frase entera. Y además... ¿quién carajo te invita a su casa en la segunda cita a ver una película... y realmente quiere verla?


La peli no me interesaba lo más mínimo, pero finalmente se dio cuenta de que yo iba a seguir hablando hasta que la quitara. Intenté sacarle conversación preguntándole acerca de su vida en Francia y su familia. 

—¿Ves seguido a tus padres?
—Sí, precisamente estuvieron de visita tres meses hace poco.
—Wow, tres meses es mucho tiempo para una visita. ¿Dónde se alojaban?
—Aquí, en mi habitación.
—¿Y dónde dormías tú?
—En la clínica...

Espera.¿De qué clínica habla? Cara de desconcierto.


—No queda muy bien decirlo en la primera cita porque asusta. Realmente no estoy de excedencia en el trabajo, sino de baja. Estuve los tres meses ingresado por angustia. 

No te jode... angustiada estaba yo en ese momento. Comprended que estoy a favor de tratar con normalidad las enfermedades del coco y asumir que somos más propensos a la ansiedad y depresión de lo que podría parecer. ¿Pero angustia? ¿Era eso una forma francesa de decir que tenía una depresión jodida como para que lo ingresaran durante tres meses? ¿O sería una clínica de rehabilitación o desintoxicación?



De pronto, me entró miedito y el hecho de que sus compañeras de piso no estuvieran allí ya no me parecía tan genial. Aún así, me debatía en mi interior entre lo que me flipan las aventuras, el riesgo y los franceses buenorros, o salir corriendo como alma que lleva el diablo. Obviamente, opté por acompañarlo a la habitación, besarnos y empezar a quitarnos la ropa.


Pero...

Se tumbó en la cama boca abajo. BOCA ABAJO.

—Dame un masaje
—Pero... ¿ahora? ¿Tiene que ser en este momento?—, respondí mientras pensaba «¿por qué cojones no me lo das tú o al menos lo pides por favor?»
—Bueno, hazme lo que quieras—, dijo dándose la vuelta hacia arriba. 

Y se puso en plan Patricio. Patricio, el de Bob Esponja. La puta estrella de mar. ME HIZO LA ESTRELLA DE MAR.  Mirada al techo, brazos y piernas abiertas hacia los lados, inmóvil. Lo que se supone que hacen las tías sosas. Pues los tíos sosos también, ojito.



WTF!!!

En fin, hice lo que pude. Pero no había manera. El chico no movió ni un dedo. Ni un dedo ni un milímetro de su polla que nunca se empalmó. —Por las pastillas de la amgustia—, fue su justificación del asunto. Cuando me di por vencida, me dijo que estaba cansado. ¿Cansado de qué, cacho de egoísta? 


Roncaba. 

Era lo último que me faltaba. Hice unos movimientos de gacela para salir de la cama y ponerme los tejanos a toda velocidad. Con las botas en la mano y saliendo de puntillas por la puerta, abrió los ojos y me dijo: —¿no te quedas a dormir?


Esta fue mi segunda experiencia frustrante con los franchutes, después de aquel fiasco en Halloween. Le hice ghosting a pesar de sus insistentes mensajes para una tercera cita. Mi compi de piso recibió un whatsapp diciéndole que se buscara otro sitio para vivir.

¿Te han hecho alguna vez la estrella de mar? ¿Algún francés en la sala que quiera decir algo en vuesrta defensa?

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7 comentarios:

  1. No podría decir si lo tuyo es mal karma con los franceses o esa innata cualidad tuya que te convierte en imán de todo tipo de caso raro posible, pero esta última aventura tuya me ha dejado a medio camino entre la sonrisa perversa y una "amsiedad" por ver cómo salías de ese jardín.

    La sonrisa perversa persevera todavía. Sofi (con acento en la "o"), espero y deseo que el 2018 se reduzcan tus desventuras, sinceramente.

    Besotes,
    J.

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    1. Atracción fatal por las causas perdidas y las historias extrañas, ese es mi drama diario...
      Este 2018 será más aventurero que desventurado, seguro!
      Gros bisous Jack! Buen karma y gran año para ti!

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  2. Bien, bien, ueeeueee burullo, beaucoup de burullo!!! Sofi nos ha dejado un regalito de Reyes! Un placer leerte aunque, en este caso, más que aventuras sean desventuras! Los españoles, morenos, barbudos y mayores que tú, hemos llorado desconsolados por el abandono pero suspiramos aliviados porque parece que no te volverás a acercar a un yogurín franchute, ni loca en una temporada, y la esperanza es lo último que se pierde...no te des por vencida que a la tercera va la idem, no? jajaja! Un abrazo.

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    1. Jajaja ya he tenido suficiente de franceses, ahora espero que algún español guapetón me lleve a Francia a por ostras y foiem que me parece una combinación mucho más acertada, no crees?
      Este año vengo con una cartera cargada de posts... prepárate!
      Besitosss

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  3. Respondo por casi alusión en defensa de la patria de la madre, pues soy medio francés (ah, mais oui 😎 otro retazo mío que revelo). Ni todos los franceses son Alain Delon (o Jean Reno o Vincent Pérez o cual sea el estándar fisico-generacional que aplique), ni toda Francia es París. Primera regla para la próxima cita francesa: pregunta exactamente de dónde es. Si te dice que de París, tienes un 50% de posibilidades de tener una cita sofisticada y divertida. De otras ciudades la probabilidad se reduce (aunque con un marsellés puedes llegar a reirte muchísimo) no te cuento si es de un pueblo de la Francia profunda.

    Segunda regla: en mi experiencia, solo en París he visto mujeres bien vestidas, así, con glamour, por lo que una vez conoces la respuesta a la regla número uno puedes relajarte o demostrar tu personalidad ajena à las modas.

    Teecera regla: tú acertaste con el vino de 10 euros, pero antes ayuda saber si él sabe cocinar y, efectivamente va à cocinar. No hay tantos.

    Pero vamos,que realmente te encontraste con alguien más raro que un perro à cuadros, y eso ayuda poco. Es cierto que los ansiolíticos bloquean la líbido cosa mala,pero él debía de haber previsto que el plan ciné-club Cohen + Patricio sumiso no es lo mejor para encantar a una chica.

    Ánimo, que siguen habiendo franceses que merezcan la pena, si no se creen que el trabajo ya està hecho por enseñar el pasaporte.

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    1. No era de Paris... ahora lo entiendo todo!! Jajaja, créeme que se me han quitado las ganas de franceses, pero si me vuelvo a topar con alguno, no olvidaré tus tres reglas!
      El solo hecho de tener sangre francesa leyendo cada tontería que posteo ya hace que me caigáis mejor ;-)
      Besitos Radar!!!

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  4. Sofi, al momento he leído de aventuras (y desventuras) con argentinos, españoles y franceses.¿Ha habido de otras nacionalidades?, ¿y algún desliz con un compa mexicano?

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