El primer amor nunca se olvida... ¡o sí!

La historia de mi primer novio tiene historia. Pero historia de la que se estudiará en el cole algún día.  Era diciembre 2001, pleno caos de corralito argentino. Para que os pongáis en situación, era esa época confusa en la que de repente De la Rúa, que era nuestro presidente electo, dimitió en medio de una crisis terrible, los bancos de un día para otro cerraron con todo nuestro dinerito dentro y la cosa estaba tensa, muy tensa. Yo tenía 16 añitos, no era muy consciente de las repercusiones reales de la crisis, por aquel entonces no tenía nada de dinero, no había pisado un banco en mi vida y mi única relación con el mundo laboral era durante los veranos en la empresa de mi padre. Así que lo único que veía como crítico es que vivíamos en un barrio algo conflictivo donde había bastante gente que, ante el pánico general, la idea terrible de pasar hambre y por aprovechar la oportunidad, salía de saqueo como quien sale a echar una cervecita. Era peligroso salir a la calle, porque saqueaban los supermercados, pero también te "saqueaban" el móvil que llevaras (si eras afortunado y tenías un startac de aquellos con antena desplegable), la cadenita de tu primera comunión, la bicicleta rosa en la que andabas y se llevaban tus nike que habías comprado con los ahorros de todo el año. En este contexto social nos pasamos aquel mes de diciembre prácticamente encerrados en casa viendo las noticias.

(un poco de humor para aquella desgracia)
Un par de días antes de que comenzara a reinar el caos en Argentina, fui con mis amigos a una fiesta de graduación. El flechazo lo tuve cuando ya nos íbamos a las tantas de la madrugada de la discoteca (sí, en Argentina los menores van a las discotecas de mayores). Nos pasamos rápidamente los teléfonos (fijos, no éramos de los que teníamos móvil) y me pasé los tres días de rigor entre pedida de teléfono-llamada, esperando ansiosa a que sonara para mí (somos ocho hermanos, os podéis imaginar el ataque de nervios que tenía cada vez que sonaba el teléfono, que eran muchas). Cuando por fin me llamó le conté del miedo que había pasado esa tarde en que la ola de saqueos me pilló por la calle sin enterarme de nada. También le conté donde vivía y varias tonterías más. Y así fue como, sin poder hacer mucha vida social y ante la peligrosidad de proponer una cita en el Mc Donalds que probablemente estaría siendo saqueado también, se presentó en mi casa sin avisar. A mi padre casi le da un paro cardíaco cuando vio bajarse de una furgoneta destartalada a tres chicos sin camiseta preguntando por su hija. Me asomé discretamente por la puerta para que ver que pasaba y allí supe que este chico sería el mío, que atravesar la ciudad con la que estaba cayendo para que lo invitara a pasar y tomarnos un zumo sentados en el salón, con la puerta abierta y ante la atenta mirada de mis padres, eso solo podía acabar como amor. 



Y sí. Me enamoré perdidamente de ese loco. Todo era magia, todo era bonito, todo era perfecto. Estaba llena de ilusiones y no podía creerme la suerte que tenía.



Fue mi primer amor y mi primera relación conflictiva. Marcos venía de una familia muy desestructurada (muy, pero muy) y mi familia lo acogió como uno más. También era un chico sin estudios, había abandonado el bachillerato para trabajar, pero tras mucho insistir se apuntó al bachillerato nocturno para adultos. Trabajaba desde los 16 años y a los 18 su padre le "regaló" un salón recreativo de esos que tienen máquinas de juegos, lo cual en aquel entonces me parecía divertidísimo porque me pasaba horas saltando en la máquina esa en la que tienes que pisar flechas y hacer como que bailas. Visto con perspectiva, no creo que fuera una idea muy brillante darle un salón de esos a un chico de 18 años, que luego acabó teniendo problemas serios con el juego. 

Marcos cumple años un día antes que yo. Una noche entre su cumpleaños y el mío nos dimos un regalo muy especial... y aquel fue el fin de mi inocencia. Lo siento, eso no es para explicarlo en un blog. 

Estuvimos juntos dos años y medio. Pensamos en casarnos. Hablamos de llamar Juana a nuestra primera hija y aún teníamos que definir nombre de niño. Oh sí, en algún momento de esta vida llegué a pensar en hijos, que cosas... 

Pero... inevitablemente llegaron los problemas al paraíso. Finalmente, entre celos, fiestas, peleas absurdas y tal, acabó liándose con una chica que se llamaba Milka, me lo contó arrepentido y yo lo mandé a tomar por culo. Lloré mucho, pero soy muy resiliente y enseguida di el siguiente paso importante de mi vida: hice las maletas y me largué solita, a mis 19 añitos a ver mundo. Y que mundo... ¡que aún sigo en él!

Milka se ríe en mi cara...

Sí, sí, mis primeros cuernos se llaman Milka, como el chocolate. Como los cuernos de la vaca lila, sí, sí...

Con varios miles de kilómetros y un océano de distancia, fue fácil superarlo. Supe de él cuando mi madre me explicó que estaba saliendo con la hija de una amiga suya y había recibido una llamada para pedirle referencias. Eso os lo explicaba en este post, aún me río al recordarlo. Pobre chica, que vergüenza habrá pasado. 

Ocho años después, ya casada, divorciada, vuelta a ennoviar y tal, recibí un correo de Marcos en el que me pedía perdón. Vale que una puede ser algo rencorosa cuando la herida aún duele, pero después de ocho años ya había requete-pasado página, le contesté que estaba todo ok y seguí haciendo la mía. 



Y después de trece años, hace una semana, se presentó en Barcelona y nos tomamos un par de cervezas. Me contó cosas sobre el hijo que tuvo, la carrera que hizo, la empresa que montó, la casa que se compró y lo bien que le iba la vida. Me dio las gracias porque, gracias a mí, estudió y se convirtió en un hombre de bien. Yo le dije que lo acababa de dejar con mi novio número ochocientos, que no había tenido hijos porque nunca he tenido una pareja con la que proyectar familia, que tengo un trabajo nefasto, que nunca acabé la carrera y que me había mudado a compartir piso a mis treinta y tres años porque mi economía es penosa. Pero le dije que estaba bien, que era feliz igual, eh. 


A las dos horas de charla, me di cuenta de que yo no quería seguir hablando con esa persona de mi pasado. Que este chico que decía conocerme, conocía a la Sofi adolescente y se estaba permitiendo  el lujo de venir trece años más tarde a hacer como si nada hubiese pasado No podía recordar nada de algunas personas de las que me estaba hablando. No podía entender de qué adolescencia super guay me estaba hablando,si la que recuerdo yo era bastante mierdosa. No podía pensar en ningún motivo por el que querer hacerme amiga del tío que se lió con Milka y me rompió el corazón por primera vez. Así que lo dejé en su hostel, rechacé su beso que llegaba trece años tarde y me fui caminando a casa. 

Me escribió al día siguiente para decirme unas cuantas cosas bonitas. Le dije que no podía responderle en ese momento. Pero lo cierto es que ya no puedo responderle más. Le deseo que le siga yendo igual de bien, allí, lejos y en silencio. Que fue importante, pero que ya fue...



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11 comentarios:

  1. Jajaja como olvidar a Marcos! Y su amigo Ramiro. Que loco que te haya escrito. Estaba esperando con ansias uno de estos post!! Inspirate y escribi alguno del club de futbol!! Jaja beso sofi de tu compañera de aventuras de la epoca mierdosa (pero increiblee!! ;))

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    1. jajaj el club de fútbol da para mucho... pero hay más historias tuyas que mías!! Fue una época muy divertida, extraño mucho a esa compañera de aventuras que lo sabía TODO de mi!!!

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  2. Milka jajajaaaajjaaja me meo!
    Y muy fan del final con ese "ya fue" tan argentino xD

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    1. Jajajaj cabrona, espero que nunca te pase con una Suchard o Lindt, que estuve una temporada larga privándome de comer chocolate por su culpa!!

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  3. Sólo ya por lo de Milka, mereció la pena leerlo, jajaja...fue la leche (sí ya, puedes darme una colleja...yo es ver un chiste fácil y no puedo resistirme, me lanzo, sin mirar y a lo loco).
    Ainsss los primeros amores, cuánta literatura han dado...y qué empeño el ser humano con el apego y aquello de lo que pudo haber sido y no fue...en estos casos, no es que no esté muerto sino además mal enterrado! Besos.

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    1. Y dale con Milka... jajaja por vuestra culpa ya estoy escribiendo un próximo post enterito de cuernos... muuuuuuu
      Besitos Darth!

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  4. Putada eso de llegar a España y que el chocolate te recuerde a tu primera amor :D. Fíjate como es el azar, que lo estoy leyendo justo cuando ha saltado Te espero de Antonio Vega en el Winamp (sí, soy un anticuado que todavía usa eso para escuchar música).

    Lo mejor de estos primeros es que todos vienen con la vida de puta madre, hijos, negocios y demás. Y nosotros (fíjate que compartimos edad) nos quedamos mirando fijamente mientras un mono con platillos gira en nuestra cabeza importándole todo una m..., no execraré en un bloc tan bonito como el de vos.

    PD: No quiero ser pedante, pesado, y todas esas cosas que te vienen a la mente cuando conoces a un tío de Tinder que viste de 'El Ganso'. Pero, si me aceptas una recomendación, parte los dos primeros párrafos y será mucho más visual (Acepto collejas, pero si no lo digo reviento).

    Como siempre, un besito de pez.

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    1. Malditos primeros amores de vida perfecta... grrrr
      jajaj, tomo nota, párrafos más cortitos para el proóximo post!!
      Besitosss

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  5. Chica, no nos puedes soltar lo de Milka y luego pretender que no hagamos sangre de ello. Es que es muy fuerte y muy de mala leche si te gusta el chocolate 😂
    Anda que también, que ganas de remover el pasado tuvo el amigo después de tantos años... Hiciste bien en arrinconar el pasado y no querer o pretender revivir algo más que apagado.
    Besicos.

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    1. Ahroa entiendes por qué el tema de no visitar el museo del chocolate?? Jejeje, prepárate para el siguiente post, te haré una mención especial.
      Besitosss

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    2. Claaaaaro, ahora lo entiendo todo! Si es que en esta vida todo tiene su explicación.
      ¿Ah, sí? Uy, cuanto honor, estaré pendiente.
      Feliz finde.
      Besicos

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